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La boda del coyote

La boda del coyote. Adaptación del cuento popular de México. 

A la anciana Dora le encantaba cultivar verduras y hortalizas en su casita de campo. ¡Qué emocionante era enterrar las semillas, regar los tallos y recoger las exquisitas verduras y hortalizas que le daba la tierra! Su vida era tranquila y feliz hasta que un conejo bribón empezó a colarse en el sembrado para mordisquear todas las plantas.

Una mañana, la mujer lo sorprendió saltando el cercado.

  • ¡Lárgate de aquí! ¡Fuera de mi propiedad!

El astuto conejo se dio cuenta de que una señora tan mayor jamás podría atraparlo, así que hizo oídos sordos y siguió entrando para robar comida. Dora, harta de su molesta presencia, decidió tomar cartas en el asunto.

  • ¡No pienso permitir que ese ladronzuelo siga destrozando mis cultivos!

Decidida a acabar con la situación, fabricó un enorme espantapájaros de cera y lo colocó en medio de la plantación.

Cuando, al día siguiente, el conejo entró para darse un atracón de zanahorias, se quedó muy sorprendido. Era la primera vez que veía un ser tan extraño.

  • ¡Hola, amigo! Veo que eres nuevo por aquí. ¿Tú también vienes a buscar algo para comer?

Como te puedes imaginar, el monigote ni pestañeó ni dijo palabra alguna. Al conejo, convencido de que el espantapájaros tenía vida, le pareció fatal su indiferencia.

  • Disculpa, pero lo mínimo es responder con amabilidad cuando alguien te saluda.

El monigote siguió mirando al infinito, completamente inmóvil.

  • ¿Te han dicho alguna vez que eres un maleducado?

Enfadado por la actitud del espantapájaros, se dejó llevar por la ira y le propinó un golpe en el tobillo. No sabía que estaba hecho de cera y, al contacto, su pata delantera quedó atrapada en la pegajosa pasta amarilla reblandecida por el sol.

  • ¿Qué es esto? ¿Por qué no puedo soltarme?

En un intento por liberarse, el animal apoyó la otra pata en el pringoso pie del espantajo.

  • ¡Oh, no! ¡Ahora sí que estoy aprisionado!

Al verse atrapado, comenzó a llorar sin consuelo. Los gemidos eran tan fuertes que  llegaron a oídos de un coyote que pasaba cerca.

  • ¡Qué buena suerte la mía! Creo que hoy voy a comer un riquísimo conejo sin necesidad de cazar.

Siguiendo el sonido del llanto, llegó hasta el pobre conejo, olisqueó su cogote  y empezó a relamerse.

  • Amigo, este es tu final. Si quieres decir unas palabras de despedida hazlo ya porque voy a comerte de un bocado a la de tres, dos, uno…

Al ver la enorme boca abierta del coyote, el conejo suplicó:

  • ¡Espera un momento! Quiero hacer un trato contigo. ¡Te aseguro que no te arrepentirás!
El coyote apretó los dientes de mala gana.

  • ¿Un trato?

El conejo echó mano de la imaginación y de sus dotes de actor para salvar el pellejo. ¡Era su única posibilidad de sobrevivir!

  • Tienes que saber que la dueña de este huerto hizo esto para atraparme. ¡Se ha empeñado en que me case con su nieta!

El coyote miró a su presa con desconfianza.

  • ¡Venga ya! ¿Estás de broma?
  • Hablo completamente en serio. La chica es guapísima, la más bella de la comarca. Te prometo que si estuviera soltero me casaría con ella, pero tengo pareja y no puedo traicionarla. ¿Lo comprendes?

El conejo puso una cara tan dramática que el coyote se tragó la mentira.

  • ¡En menudo lío te has metido! ¿Y dices que la muchacha es guapa?.
  • ¡Guapísima! Pero eso no es todo: también es elegante, simpática y muy culta. ¡Haríais muy buena pareja! Bueno, si no tienes novia, claro.
  • No, qué va. ¡Ya me gustaría a mí encontrar a la chica de mis sueños!

El conejo estaba a punto de conseguir su objetivo.

  • Si me liberas, te cedo mi puesto. Estoy seguro de que la anciana te preferirá a ti porque eres más fuerte, grande y atractivo que yo. ¡No dejes pasar la oportunidad de casarte y formar una familia!

El coyote, entusiasmado, aceptó.

  • ¡De acuerdo! Te ayudaré a escapar y ocuparé tu lugar.

El coyote empezó a tirar de él hasta que consiguió despegarlo del pringoso muñeco. Por supuesto, nada más pisar el suelo, el conejo echó a correr para ponerse a salvo y desapareció entre las matas. ¡Su plan había funcionado!

El coyote ni le vio huir, concentrado como estaba en colocarse junto al espantapájaros en lugar del conejo.

  • ¡Qué buen trato acabo de hacer! Estoy deseando conocer a esa muchacha tan linda y pedirle matrimonio. ¡Nuestra boda será inolvidable!

En ese momento, apareció la anciana Dora. Llevaba una vara en la mano y parecía dispuesta a repartir palos a diestro y siniestro.

  • ¡Maldita sea! Antes venía a robar un conejo y ahora un coyote. ¡Voy a darle un escarmiento que jamás olvidará!

El coyote, que por suerte aún no había tocado la cera, dio un paso atrás.

  • ¡Olvídeme, señora! ¡No quiero casarme con una chica que tiene una abuela tan antipática! ¡Búsquese a otro!

Lo siguiente que hizo fue huir a toda velocidad. Ni él ni el conejo volvieron a pisar la finca de la anciana Dora.