Un músico y un malabarista te enseñan a ser un buen maestro
Desde hace algunos años estoy enganchado a las charlas TED (Tecnología, Entretenimiento y Diseño). Y hoy quiero embaucaros con las conferencias de dos profesionales que desde la perspectiva de las inteligencias múltiples destacan en la inteligencia musical y corporal, ambas subestimadas por la administración educativa. Aunque sus enseñanzas no se encuentran explícitamente encaminadas a la formación de maestros, sus ideas son dignas de difundir. Una vez extraídas las nociones básicas, éstas deberían formar parte del día a día de un educador.
Entre los dos sólo necesitan algo menos de cuarenta minutos para demostrarte cómo ser competente en tu trabajo. Y tú, únicamente cinco minutos para saber cómo ser un buen maestro.
Ser un buen maestro: las claves
Un músico
El músico es Italy Talgam. Este director de orquesta israelí se ha especializado en establecer relaciones entre la música y el liderazgo. Utiliza los estilos inconfundibles de los grandes directores de orquestas para esbozar lecciones indispensables que cualquier profesional debe tener en cuenta para liderar y llevar a “buen puerto” sus proyectos.
Sustituyendo el podio por la tarima y la batuta por la tiza:
Ve al trabajo con una actitud positiva: Difunde felicidad e intenta hacer partícipe del proceso de enseñanza-aprendizaje al alumno. No olvides que es una experiencia que debe disfrutarse conjuntamente.
Autoridad: Eres el máximo responsable del proceso. Entre las tareas de un líder se encuentra establecer las normas y las sanciones. Tú tienes el control.
Permite: Es tarea de un maestro que los alumnos sean capaces de expresarse y colaborar entre ellos. Es necesario en una clase aprender a colaborar, y colaborar para aprender.
Motiva: Deja a los alumnos desarrollarse y crecer intelectualmente. Apóyalos y guíalos en el proceso, en especial cuando tengan dificultades para seguir el ritmo.
Forma personas competentes: que puedan llegar a actuar con libertad, siendo capaces de desenvolverse y actuar con el entorno, sin necesidad de tu ayuda continua.
Un artista
El artista es Philippe Petit. Un malabarista y mago que lleva años enfrentándose al abismo desde la cuerda floja. Un genio creativo que desentraña su vida para explicar cómo perseguir la perfección y engañar a lo imposible.
Sustituyendo la pista por el aula y los malabares por lecciones, un maestro debe tener:
Pasión: Debe ser el motor de tus acciones. No es fácil enfrentarse al reto de enseñar y educar. Requiere esfuerzo, constancia y sacrificio.
Tenacidad: Los años y la continua formación perfeccionan las competencias de los docentes.
Intuición: Es una herramienta esencial para afrontar las jornadas escolares, sobre todo cuando incorpores nuevas metodologías y procesos novedosos de enseñanza individual o colectiva.
Fe: Remplaza las dudas y ten seguridad en que tu trabajo ayudará a los alumnos a ser hombres capaces de ser competentes y responsables, frente a sí mismos y frente a la sociedad.
Improvisación: Una de las primeras lecciones que cualquier maestro debe aprender. La vorágine de un centro y del propio trabajo te arrastra a ser flexible. Engañarás a lo imposible varias veces al año.
Inspiración: Las acciones y modelos de comportamiento son esenciales en el desarrollo de un alumno. Debes ser capaz de transmitir y hacer “surgir” en el ánimo de una clase ideas, propósitos e ideales.
Conclusión
No cabe duda que el desarrollo de ciertas competencias aceptadas por toda la comunidad educativa se plantean esenciales en el desarrollo profesional de un maestro y en el aprendizaje de los alumnos. Pero no podemos infravalorar otras que nos ayudan a poseer perspectivas diferentes del mundo, mejorando, desde la creatividad nuestro trabajo.