La importancia de establecer un apego seguro en nuestros hijos
La teoría del apego es actualmente el paradigma dominante en Psicología del Desarrollo. Es la corriente psicológica que cuenta con mayor evidencia empírica hoy en día. Pensemos en la siguiente pregunta: ¿Cuántas cosas de las que sabemos hacer hoy las hemos aprendido de otra persona? Todo lo aprendido ha sido junto a un otro. Hace falta que las personas que nos rodean cuando somos pequeños nos hayan tratado bien y de manera positiva para generar un apego seguro. Cuando decimos “un otro”, nos estamos refiriendo a las figuras de apego, tan importantes para un correcto desarrollo emocional.
La teoría del apego
Fue desarrollada hace más de medio siglo por el psiquiatra británico John Bowlby. Su historia familiar y personal son fundamentales para entender la teoría del apego. Bowlby nació a principios del siglo XX en Londres en el seno de una familia acomodada.
Su padre era cirujano militar y cuando regresó de la primera guerra mundial no era la misma persona que cuando se marchó (posiblemente sufrió de trastorno por estrés postraumático). Su madre mostraba poco los afectos y era distante con sus seis hijos. Entre tanto, Bowlby fue criado por Minnie, una niñera cariñosa quien se marchó cuando él apenas contaba con cuatro años de edad. La separación le afectó mucho puesto que Minnie era su principal figura de apego. A la edad de 8 años a Bowlby lo mandaron a un internado donde estuvo varios años prosiguiendo con sus estudios. Todas estas circunstancias le llevaron a plantearse años más tarde por qué se relacionaba de manera tan distante con su entorno. Su infancia le llevó a interesarse por los estudios de René Spitz en los orfanatos, así como por etólogos como Konrad Lorenz pasando por los estudios de Harry Harlow con macacos rhesus. Años más tarde, John Bowlby desarrolló la Teoría del Apego. Dicha teoría en sus inicios fue duramente criticada por sus colegas psicoanalistas ingleses, pero a día de hoy, es una de las corrientes más aceptadas en psicoterapia y en psicología evolutiva.
¿Qué es el apego?
Podemos definir el apego como una relación instintiva que se da entre el neonato y sus cuidadores (habitualmente sus padres) que es de carácter bidireccional pero asimétrico. Esto quiere decir que son nuestros hijos quienes se apegan a nosotros pero no al revés. Decimos que el niño se apega a su madre mientras que la madre se vincula con su hijo, pero no se apega a él. De ahí que digamos que es una relación de tipo asimétrica o vertical, ya que el niño necesita de su figura de apego para poder sobrevivir pero la figura de apego no necesita de su hijo por cuestiones de supervivencia.
Son muchas las características que debe reunir una madre o un padre para ser una figura de apego para su hijo. Todas ellas se desarrollarán ampliamente en el curso on-line que os recomendamos más abajo pero podríamos decir que las dos características básicas son la protección y la autonomía.
El neonato viene a este mundo siendo 100% dependiente, lo que hace que su supervivencia dependa de la persona que está al mando de su cuidado, generalmente su madre y su padre. Además de contribuir a proteger y dar cariño al niño, otra de las funciones principales del cuidador consiste en fomentar su autonomía y capacidad de hacer las cosas por sí mismo. A bote pronto, pueden parecer dos características contrarías. Y el caso es que lo son. Pero, ¿cómo es posible que la figura principal de apego se encargue de fomentar estas dos funciones que son contrarias? Cada momento requiere de una necesidad. En el momento en que el niño está asustado, necesitará que se active en su padre/madre la primera característica: protección, calma y cariño. En cambio, cuando el niño se encuentra bien regulado, necesitaría investigar y “curiosear” el entorno que le rodea. En ese momento, su madre y su padre deberán permitirle saciar dicha necesidad de exploración. A lo largo del desarrollo evolutivo, la necesidad de satisfacer la autonomía va cambiando. No es lo mismo el bebé que está gateando y que necesita explorar el cuarto en el que se encuentra que el adolescente que necesita ir más allá de lo que está viendo. Quizás un adolescente se plantee conocer sitios que le susciten curiosidad, conocer otras personas, culturas, idiomas, etc. Es por ello que Mary Ainsworth, discípula de John Bowlby decía que el apego seguro es el equilibrio flexible entre la vinculación y la autonomía.
Cuando unos padres son capaces de fomentar un apego seguro en su hijo es porque, no solamente tienen una actitud positiva sino porque también disponen de herramientas y recursos para poder consolidar este tipo de apego. Cuando los padres de un niño son capaces de ofrecer protección y autonomía (ambas en su justa medida), el resultado es que ese niño en un futuro tendrá una buena autoestima, una buena capacidad de resolución de conflictos, será capaz de reconocer y gestionar sus emociones, será resiliente, se adaptará bien en los diferentes contextos donde se desarrolla (social, laboral, familiar, etc).
En definitiva, será una persona equilibrada y feliz. En cambio, cuando mamá y papá no han sabido, aunque sí querido, darle a su hijo protección y fomento de la exploración, las consecuencias son alguno de los tres estilos de apego inseguro que existen (evitativo, ansioso ambivalente y desorganizado). Los niños que han experimentado de manera constante y repetida esa ausencia o déficit de cariño y autonomía en un futuro serán personas más inseguras, dependientes, baja autoestima, pobre capacidad de resolución de conflictos, ansiedad y mayor probabilidad de consumo de drogas entre otras adicciones o conductas patológicas.
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